Cómo las mujeres zapatistas dejaron de ser invisibles y se convirtieron en actores de desarrollo
 
23-11-2008 20:29

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Publicado el : Derechos Humanos, Pueblos Indigenas



Vivían una situación de exclusión hasta que dijeron basta y junto al movimiento zapatista empezaron a reivindicar sus derechos como mujeres indígenas.

Llevar toda la carga cuando no había caballos, traer agua del río al patrón para que pueda bañarse sin salir de casa, trabajar de sol a sol en las fincas aguantando humillaciones e insultos, sufrir abusos sexuales para que se cumpliera el llamado derecho de pernada…

Todas estas situaciones han cambiado pero aún siguen muy vivas en las mentes de Avinia, Eva, Gloria y Angelina, cuatro abuelas de Chiapas que estos días han explicado a miles de mujeres cómo vivían hace apenas catorce años, antes de sumarse a la lucha zapatista y reclamar sus derechos como indígenas y como mujeres. Durante varios días, en enero de este año, miles de mujeres se han reunido en el Primer Encuentro de las Mujeres Zapatistas con el Mundo, una iniciativa que toma el relevo a los encuentros anteriores organizados por los zapatistas para evaluar su situación y el trabajo hecho y que, en esta ocasión, tiene carácter totalmente femenino.

Avinia, Eva, Gloria y Angelina fueron de las primeras mujeres indígenas en unirse hace veinte años al movimiento zapatista, que el 1 de enero de 1994 ocupó varias ciudades de la región para visibilizar la situación de pobreza que vivía la población indígena y campesina. “La seguridad pública asesinaba y violaba a las mujeres de quienes se organizaban para protestar, hasta que llegó la información de que podían organizarse clandestinamente”, explica Rosalinda, miembro del movimiento zapatista. Así, durante bastante tiempo, las mujeres se sumaban a las reuniones que los hombres mantenían de manera clandestina, “muy en silencio y despacito”, dice Maribel, una de ellas. En estas reuniones debatían sobre su realidad y buscaban formas de visibilizarla y cambiarla.

El antes y el después

Las mujeres zapatistas también tuvieron que hacer entender a los propios hombres zapatistas la importancia de su implicación, e incluso convencerse ellas mismas de que podían hacerlo

Entre todas las mujeres indígenas y campesinas que participaron en la creación del movimiento zapatista y la organización de base destacan dos nombres: Ramona y Susana. “Ellas instigaron a las zapatistas a elaborar su Ley Revolucionaria en los años en que daba mucha risa ver luchar a una mujer”, explican las mujeres zapatistas reunidas hace unos días, que comentan que además de luchar contra su situación de desventaja como indígenas en México también tuvieron que hacer entender a los propios hombres zapatistas la importancia de la implicación de la mujer en esa lucha, e incluso convencerse ellas mismas de que podían hacerlo.

Aunque reconocen que “todavía falta mucho para lograr el respeto y ocupar en algún lugar el lugar que nos corresponde”, en la actualidad muchas de ellas realizan un trabajo intelectual y político y tienen responsabilidades organizativas. Uno de los mayores logros, según las mujeres, es que tras todos estos años de trabajo ya conocen sus derechos.

Cuando en agosto de 2003 se crearon las Juntas de Buen Gobierno, por ejemplo, no había mujeres entre sus miembros. Ahora, en cambio, hay varias que participan y se encargan, sobre todo, de recibir a los mexicanos y extranjeros que se acercan al proyecto, de decidir cómo distribuir los recursos económicos y de llevar el control de los proyectos y las donaciones. Esto mismo ocurre en los llamados Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas, en los que todavía el número de mujeres es “limitado” pero donde las que hay deciden sobre temas de salud, educación o agrarios e investigan casos de violencia o violación.

Otras mujeres, en cambio, dirigen u ocupan cargos de secretarias o tesoreras en cooperativas que aglutinan a numerosas mujeres organizadas y que suponen recursos propios para la comunidad.

¿Los resultados de toda esta organización y participación? En temas de salud, por ejemplo, las mujeres zapatistas explican que hay enfermedades que casi ya no tienen incidencia y que el número de partos prematuros se ha reducido. A través de otras organizaciones sociales se creó la Clínica Central de Francisco Gómez y entre los proyectos de futuro destaca la puesta en marcha de un centro de atención a la mujer.

Silvia Torralba / Red de Mujeres | Para Kaos en la Red



   
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