
La llamada “lucha contra la inmigración ilegal”, uno de los temas recurrentes de la Unión Europea, tiene en la construcción de Centros de retención e internamiento de inmigrantes uno de sus principales ejes. De forma que para la UE la gestión de los flujos migratorios pasa crecientemente por la generalización del encierro y alejamiento de inmigrantes de su territorio.
El encierro de inmigrantes está en trance de convertirse en “sistema”, en cuadro básico de la armonización europea para las migraciones.
Según el trabajo de investigación de Migreurop, organización europea a la que pertenece la APDHA que ha elaborado la “Carta de los Campos de la UE (1), no menos de 300 establecimientos para la retención y el internamiento de migrantes se han podido desvelar en el conjunto de la UE y en las fronteras exteriores.
La política Europea para la gestión de las migraciones se ha desarrollado en los últimos años en torno a ejes cuya lógica fundamental es el control y la represión de los flujos migratorios: blindaje de fronteras, externalización, corresponsabilización de países terceros, actitud meramente declarativa en relación a los derechos humanos… Y, desde luego, el encierro de migrantes como gestión de dichos flujos. Los CIES se convierten así en “sistema” dentro del cuadro las políticas migratorias de la UE, reflejo de la cosificación del inmigrante, al que no se le supone portador, como todo ser humano, de todos los derechos fundamentales.
La aprobación el pasado mes de Junio por el Parlamento Europeo de la Directiva Retorno, constituye una nueva vuelta de tuerca en esas políticas hiper-restrictivas y un paso más en el debilitamiento y la “anulación” de las garantías democráticas y de los derechos humanos.
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